Aventuras en Volcán

Volcan_baru

Resulta ciertamente atrayente para cualquier capitalino como yo,  proveniente de una jungla de cemento, convivir con la naturaleza misma, abrigado por majestuosas montañas boscosas y fauna inimaginable: aves, chivos, corsos, pavas, liebres y porque no? seguramente con el merodear de algún tigre o león de montaña.

Aunque difícil de creer, tan solo el año pasado camino a Paso Ancho en la comunidad de Volcán en la provincia de Chiriquí, una Ama de Casa se impresionó al ver un cachorro de León dormitando en su gallinero y tan solo a escasos metros de la residencia de Doña Ubaldina Morales donde nos alojábamos. El felino, huía probablemente del intenso incendio forestal iniciado en las zonas montañosas, muy  frecuente en temporada seca. No mostró agresividad alguna, inclusive dio tiempo a que algunos lugareños se amontonaran cerca de su  húmedo lecho de tierra para admirarlo. Un flash! de cámara terminó con la apacibilidad del gran gato que asustado por el cegante resplandor, salió raudo y veloz por el campo de hortalizas entre los revoloteos de las gallinas del corral para internarse luego de cruzar la turística carretera hacia Bambito, en un bosque de pinos.

Me sumé junto a mi pequeño hijo Martín en su búsqueda, la cual contó con la participación de los Bomberos y Protección Civil de la Comunidad, quienes rastrearon con perros su huella hasta localizarlo asustado  sobre el ramal de un  pino.

Sin oponer mayor resistencia, fue enlazado y puesto en custodia de expertos, quienes luego de tranquilizarlo lo  liberaron en un área montañosa rigurosamente protegida del Parque Nacional Volcán Barú.

Ello demuestra lo importante que resulta internarse en la montaña con guías expertos, no solo por la presencia de  animales salvajes, sino por que la misma suele convertirse en un laberinto que lo absorbe al más mínimo error de orientación, para desaparecer probablemente para siempre en sus entrañas.

TODA DE MEDICIONES CON GPS GARMIN 12
TODA DE MEDICIONES CON GPS GARMIN 12

 

Hoy, la tecnología pone a disposición del ciudadano común equipos sofisticados para la orientación personal por satélite. El GPS ( Global Position System ) o Sistema de Posicionamiento Global, se convierte para los viajeros  o amantes de las actividades al aire libre, en la seguridad de regresar al punto de partida con un mínimo margen de error.

Dada mi afición a la pesca y al montañismo, adquirí en vísperas de mi viaje vacacional a Volcán y gracias a nuestro gran amigo el Ing. Tomás “ Pepe “ Roquebert, un GPS GARMIN 12, por lo que era el momento ideal para probarlo, el lugar ? Los Pozos Termales camino al Distrito de Renacimiento, donde aflora majestuosa la Cordillera del Pando.

Fue durante mis primeros viajes a Volcán cuando tuve la grata oportunidad de conocerlos. En aquella ocasión acompañaría a Gabriel Mojíca, un Laico de la Iglesia Católica a quien se le había encargado la misión de buscar un ternero para la tradicional  Feria de la Candelaria de Concepción, Bugaba.

El trayecto, difícil por lo escabroso y empinado, solo permitiría el acceso a través de vehículos 4X4.  Pero mis planes no considerarían recorrer como la primera vez aquel tortuoso y polvoriento trayecto en un  “todo terreno”, sino que esta ocasión lo intentaría en una  motocicleta especialmente diseñada para campo traviesa.

IMAGEN

Encomendé a mi cuñado Miltón Troetsch cuya familia vacaciona junto a la nuestra cada mes de febrero en Volcán,  la tarea de conseguir  un guía y una (1) motocicleta para la travesía, la cual ya se me advertía sería extremadamente difícil a partir de no recibir  el camino mantenimiento desde hace buenos años. Comparativamente entre estaciones climáticas, sería intransitable durante los recios inviernos para quien no tuviera la habilidad y osadía de dominar el pegajoso fango  y enfrentar los peligrosos desfiladeros que lo bordean. En verano, si bien resulta menos peligroso no deja de serlo, principalmente durante los ascensos y descensos donde predominan las rocas sueltas  muy deslizantes para las llantas de los vehículos a motor.

No fue difícil para Miltón  ubicar las  motocicletas.  “Cuñado”, me dijo, listo! Liqui y Rigo (dos buenos amigos de Volcán) nos prestarán las motocicletas y nos servirán de Guías en la aventura; acordé salir a las 10:00 de la mañana, yo te acompañaré en una. ¿Motocicleta? Le pregunté;  por supuesto! acotó Miltón, a la vez que se reía efusivamente, lo que me llenó de sorpresa y me hizo dudar,  conociéndolo.

Pero en fin, la noticia me fue emocionante, pues sería un reto a mis 44 años,  además de recordar mis tiempos de adolescente cuando disfrutaba con amigos como Ernesto Tapia, Fernando Domínguez y otros vecinos de Betania,  de las minimotos y los modelos Scrambles o Enduro  muy de moda para entonces.

La ansiada fecha había llegado, me levante muy temprano y luego de desayunar típicamente con  tortillas amasadas con queso viejo, carne ahumada y café criollo, me preparé para la travesía vistiendo ropa camuflajeada, botas de montaña y una camiseta de manga larga para protegerme la piel.

martin-abernathy-panama

Miltón tenía todo preparado, muy temprano había dispuesto con Rigoberto y Liqui el transporte, el que consistiría en dos motocicletas Yamaha 175 y un vehículo Toyota Land Cruiser corto, que llevaría “ como sardinas en lata” al resto de nuestras familias, que sumaban entre todos como 12 personas Y NO  EXAJERO!

Luego de resolver algunos imprevistos técnicos como: un casco que faltaba y una moto que no arrancaba, partimos entusiasmados hacia nuestra aventura GPS, Los Pozos Termales de Volcán.   

El rugir de las motos advirtió nuestra llegada a la entrada del camino a los Pozos, un letrero advertía la distancia, 25 Km. Nuestra primera prueba, una cuesta de piedra seguida por un desfiladero muy pronunciado, un error y esta historia no existiría.

Miltón tomó una decisión que no compartí, llevar a Hilda su esposa, en la motocicleta, sabía que además de peligroso, esto conllevaría un adicional esfuerzo al sumar mayor peso al de él y de su máquina.

Poco tardó en resistir, las consiguientes subidas darían fin a su intención,  agotado por la tensión en sus brazos entrego a Liqui la motocicleta  para sumarse junto a su compañera al ya comprimido interior del 4 ruedas.

martin-abernathy

Y es que no era tarea fácil  escalar por ese maltrecho camino, tuve en más de 4 ocasiones el riesgo de caer de la motocicleta, por efecto de las piedras sueltas y ni pensar las veces en que la máquina se detuvo en media escalada para retroceder violentamente con todo su peso muerto.

Pero desde esa óptica, sin otra cubierta que un cielo despejado y  los frondosos árboles que parecen custodiar el camino, podía disfrutar de aquel entorno montañoso cubierto de verdes pastizales y el sinnúmero de ganado de pura raza productores de leche y carne de primera.  Ninguna vivienda en el camino, salvó una que otra estancia distantes entre sí,  que sirven de abrigo a laboriosos indígenas de la etnia Guamy,    dedicados a los sembradíos de tomate principalmente.

En lo alto del tupido bosque, la bruma comenzaba a cernirse con su blanco manto sobre el dosel donde inquietas Pavas o Garnuchas, revoloteaban entre las húmedas hojas de tan rica flora.

Una quebrada atravesaba el camino, las motos humeaban por el contacto con las frías aguas,  con una señal,  Liquí nos advertía haber cumplido nuestro derrotero: Los Pozos Termales.

POZOS TERMALES DE RENACIMIENTO, CHIRIQUÍ
POZOS TERMALES DE RENACIMIENTO, CHIRIQUÍ

 

Llamó nuestra atención  encontrar dos vehículos, uno de ellos era de esos que transportan reses y provenía de la Provincia de Los Santos. El camión, serviría de transporte a toda una familia que acompañaba a una pareja de entrada edad que “cómodamente”  venían de tan lejos acostadas sobre ruidas hamacas, confiadas de los atributos benéficos o medicinales de estás aguas casi amarillas por efecto del azufre.

El primer pozo, nos comentaba Rigoberto y Liquí, es más tolerable al tacto, a diferencia de los dos siguientes, cuyas aguas visiblemente efervescentes podrían “pelar” o “desplumar” fácilmente una gallina.   Precisamente una ponedura de esta ave serviría de prueba, al poco tiempo de sumergirla en el pozo más caliente, se endureció.

Aprovechamos para tomar algunas fotografías de una familia de indígenas. Sus coloridos trajes largos decorados con figuras caprichosas, daban un poco de vida a su rústica vivienda de tablones de madera. Unos jóvenes caballos y algunas flacas gallinas, constituían sus animales domésticos. El muy humilde interior del “ Tambo “  se cubría de una espesa columna de humo, un haz de luz se colaba por la rendija del entre tablón, dejando ver una enorme olla de aluminio empañada por el hollín de la ardiente leña que cocía unos plátanos maduros, quizá su único almuerzo.

Con rostros serios, sin  demostrar la mínima importancia ante nuestra llegada, pude  previa autorización de quien parecía ser el cabeza de familia, tomar algunas fotografías.

Con el GPS Garmín 12, registraba algunos datos mientras nuestras familias ingresaban a discreción y entre sobresaltos sus pies descalzos a las termales aguas, que les relajaba a efecto de la transpiración que en su cuerpo provocaba el intenso vapor.

El tiempo se hizo efímero, y largo sería el trayecto de regreso. Miltón renegó retomar la motocicleta aduciendo un fuerte dolor de cadera que le produjera un resbalón al intentar caminar por sobre las piedras del adyacente riachuelo. Aunque cansado, no tuve más remedio que volver a conducir la motocicleta junto con Liquí, ya que Rigoberto tenía la gran responsabilidad de maniobrar por tan difícil camino el 4X4 teniendo como ocupantes al resto de la familia.

El regreso, quizá por las ya cumplidas expectativas de la ansiada llegada a los Pozos, fue menos complicada y más relajante. Una sola parada en el camino permitiría recoger un encargo hecho en la mañana; una gran bolsa rellena de rojos y jugosos tomates que enriquecería luego nuestra cena en una muy nutritiva ensalada verde donde predominaría la poco común lechuga romana y el vitamínico berro con sus verdes hojas y  fibrosos tallos, recolectados en su estado natural.

Ya de tarde, polvoriento, con un cansancio visible, pero satisfechos de cumplir aquella inolvidable  travesía a motocicleta, orientamos con plena confianza nuestra brújula satelital camino a casa; el rugir da las motocicletas irrumpió la apacibilidad de aquel entorno donde parecía no existir el sonido, tan solo los extensos campos de pastoreo y sembradíos que al ser irrigados nos regalaban con el viento aquel indescriptible aroma a pastizal húmedo, a madero, a campo.

Por: Martín Fierro de Mena

Abernathy Field Tester

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.